Recordarán ustedes que en un cuento anterior la tía Panchita
le había dejado en herencia a Carlos IV un criadero de ratón espinoso
jalisciense, liomys spectabilis, como le llaman los científicos. La tía
Panchita había establecido el criadero como una asociación civil sin fines de
lucro dedicada a la recuperación de esta especie en peligro de extinción.
Carlos IV y su primo Chompi tuvieron que pasar por muchas peripecias para hacer
del criadero una empresa que además de promover la recuperación de la especie,
exportaba exitosamente carne, piel y tripas de ratón a China. Este cuento trata
de los líos en que se metieron por incursionar en el negocio de la ingeniería
genética.
Todo comenzó un día en que Carlos IV y su amigo Nepomuceno
estaban en su rancho en Holdrege, Nebraska, jugando con La Negra Tomasa, una
perra de raza labrador cuyo nombre describía el color de su pelaje y que estaba
medio loca porque a veces relinchaba, otras veces se portaba como gato y otras
más parecía una perra normal. En uno de estos juegos, Nepomuceno comentó, “yo
creo que La Negra Tomasa tiene genes de caballo y de gato”. Carlos rió y dijo,
“¡sería una perra transgénica!, pero yo más bien creo que le falta un tornillo”,
y así siguieron comentando sobre las posibilidades de crear animales transgénicos.
Nepomuceno propuso que hicieran un camello polar, “comenzamos con un camello blanco,
le ponemos pelo en todo el cuerpo, redistribuimos la grasa y le acortamos el
cuello para que no pierda calor; lo hacemos carnívoro para que tenga qué comer
en el polo norte; le ponemos garras para que tenga tracción en el hielo…”. “Ese
no es un camello transgénico”, interrumpió Carlos, “es un oso polar”. “¡Quizá!”
dijo Nepomuceno, “pero mientras que a la naturaleza le tomó millones de años de
evolución, yo lo desarrollé en un ratito“. A Carlos se le ocurrió algo más
práctico, “mejor hacemos un mosquito que no zumbe, picaría igual pero te
dejaría dormir”, y Nepomuceno agregó, “de una vez, que el piquete no deje
roncha ni te dé comezón”. En eso los
interrumpió la Dra. Daphne que estaba de visita en casa de Carlos y que había
salido a buscarlos, “me parece que sería preferible tener mosquitos que no
transmitieran enfermedades, pero ya es hora de que se metan a hacer su tarea.”
Esa noche, acostado en su cama y listo para dormir, Carlos
se preguntaba lo que era un transgénico.
Sabía que era un ser vivo que tenía características de más de una
especie, algo así como una perra que parecía caballo, o un camello que parecía
oso polar, pero en realidad no lo entendía con mucha claridad. Entre las ideas
que iban pasando por su cabeza mientras le daba vueltas a este tema, se acordó
que en algún lugar había leído que la ingeniería genética podría ser un campo
de negocios con un futuro muy prometedor. En ese momento tomo la resolución de
estudiar la posibilidad de establecer un laboratorio de ingeniería genética en
el criadero de ratones de La Lagunilla, Jalisco, y así se quedó dormido con la
tranquilidad de quien no tiene la menor idea del lío en que está a punto de
meterse.
A la mañana siguiente, antes de salir a la escuela, Carlos llamó por
teléfono a su primo Chompi, director del criadero de ratones, para decirle que
quería estudiar si convendría que el criadero entrara al negocio de la
ingeniería genética, y así comenzó una discusión en que acordaron que en la
próxima reunión del consejo de administración del criadero, Carlos presentaría
un plan para hacer el estudio correspondiente.
Suena fácil,
pero Carlos no tenía la menor idea de lo que es un laboratorio de ingeniería
genética, así que decidió ir a ver a la Dra. Daphne que trabajaba en la Instalación
Dedicada al Desarrollo de Ratones Genéticamente Modificados de la Universidad
de Nebraska. La doctora le explicó que todos los seres vivos tienen en sus
células un compuesto químico llamado acido desoxirribonucleico. “¿Acido qué?”
preguntó Carlos. “No te preocupes” respondió la doctora, “ya te lo tendrás que
aprender para algún examen de biología, aquí lo llamaremos ADN (o DNA, como se llama
en inglés) para no meternos en demasiadas complicaciones. La ingeniería
genética trata sobre la manipulación de genes, que son pedacitos de ADN que se
encargan de hacer las funciones de cada célula. Cada gen tiene una tarea
específica. La ingeniería genética puede manipular los genes de dos formas
básicas: se puede bloquear su funcionamiento, impidiendo que hagan su tarea, a
esta práctica se le llama knockout; La otra forma consiste en insertar un gen
de otro organismo dentro de una molécula de ADN para formar un organismo
transgénico con características que no habría tenido sin la manipulación
genética. Te preguntarás por qué hacemos esto con los ratones, pues todo esto
tiene el objeto de estudiar las funciones de los diferentes genes, su impacto
en la salud de las personas y los efectos del medio ambiente, la alimentación o
los medicamentos. Hay quien no está de acuerdo con esta práctica, pero dejemos
esa discusión para otro foro, nosotros le damos a los ratones el mejor trato
que las circunstancias permiten y consideramos que si no sabemos cuáles van a
ser las consecuencias de un experimento, es mejor hacerlo primero en los
ratones que hacerlo directamente en las personas. Como dije, no todo mundo está
de acuerdo, pero ahí están los beneficios que estas investigaciones le han dado
a la humanidad.”
“Volviendo
al tema, nosotros modificamos el ADN de los ratones de acuerdo a lo que nos
piden los investigadores. Así les ahorramos tiempo y dinero que ellos pueden
dedicar a su investigación.” De toda esta explicación, Carlos se quedó con una
idea básica, los genes son pedacitos de ADN que hacen funciones específicas en
las células y la ingeniería genética sirve para bloquear la función de los
genes o para insertar genes de un organismo en otro.
Chompi también estudió el tema y se dio cuenta de que el
criadero estaba dedicado a la recuperación de la especie en su hábitat natural
y que para este propósito conviene que haya diferencias entre unos individuos y
otros porque estas diferencias le dan a la especie más capacidad para adaptarse
a diferentes condiciones ambientales. Pero para propósitos de investigación,
entre más diversidad haya, más difícil será identificar qué gen específico es
el que interviene en el resultado de un experimento. Por esta razón se han
desarrollado sepas de ratones de laboratorio, que son grupos de individuos tan
parecidos entre sí que casi son como gemelos. En términos prácticos esto
implicaba que tendrían que separar las dos poblaciones, la destinada a la
recuperación ecológica con la máxima diversidad genética posible y la sepa para
investigación. También tendrían que definir las características que tendría la
sepa del ratón espinoso jalisciense que desarrollarían.
En sus investigaciones, Carlos descubrió que el ratón
espinoso jalisciense aprendía a recorrer un laberinto y a realizar otras tareas
más rápido que el ratón de laboratorio albino de la especie mus musculus, cepa
BLAB/c. comúnmente usado en este tipo de investigaciones. Profundizado en el
tema se dio cuenta de que había un importante campo de investigación genética
sobre la memoria y que en México habría
suficiente mercado para ofrecer servicio de modificación genética en ratones de
laboratorio para fines de investigación.
Con esta información, Carlos y Chompi llegaron a la
conclusión de que valía la pena establecer el laboratorio de ingeniería
genética para dar servicio de modificación genética en ratones de laboratorio
mus musculus y para hacer investigación propia con una sepa de ratones
jaliscienses con alta capacidad de memoria.
El proyecto iba
avanzando así que, estando en la cafetería de la escuela durante un periodo de
descanso, Carlos le propuso a Nepomuceno que se hiciera investigador en el
nuevo laboratorio, y Nepomuceno respondió que lo consideraría. Después siguieron platicando de bobadas y se
les ocurrió que podrían desarrollar un ratón espía, podría andar por todos
lados, y como no emitiría señales electrónicas, nadie lo podría detectar. Inclusive, se podría meter a una sala de
juntas y lo peor que pasaría es que le darían un par de escobazos y lo dejarían
en paz en cuanto se metiera en algún agujero.
Tendría memoria de elefante para grabar todo lo que oyera y lengua de
perico para repetirlo. Habría que entrenarlo para evadir ratoneras y para que
no repitiera secretos fura de lugar. Pero a Nepomuceno la idea no le pareció
muy buena porque si uno de estos ratones se escapara y se reprodujera, al rato
tendríamos ratones parlanchines y CHISMOSOS por todas las ciudades, “¡imagínate!”, dijo, “un ratón llega a la
casa del vecino y empieza a contar todo lo que escuchó en la tuya. Sería peor
que compartir una sirvienta con tu suegra.” Y ahí dejaron la conversación para
regresar a sus clases.
Un día en que Chopi trabajaba en el proyecto, recibió una
llamada del presidente Obama:
- Hola, Chompi, habla Barak Obama. ¿cómo van con el nuevo laboratorio?
- Buenas tardes, señor presidente, ¿y usted cómo se enteró?
- ¡Soy el presidente de los Estados Unidos!, no tienes idea de cuántas cosas me entero.
- Supongo que así es, Sr. presidente, pero yo no pensaría que el laboratorio tendría suficiente importancia para usted.
- Es que nos interesa que la investigación sobre los genes de la memoria forme parte de la iniciativa BRAIN. Si están de acuerdo, los esperamos en la Casa Blanca el próximo martes a las 10:00 am.
- Desde luego que ahí estaremos, Sr. presidente
- Hasta luego, Chompi, muchas gracias.
- Hasta luego, Sr. presidente, gracias a usted.
Chompi llamó inmediatamente a Carlos para informarle de la
conversación que había tenido con el presidente Obama, y Carlos le contó que a
él le habían pedido que fueran a la Universidad Médica Satátov de Moscú para
ver si el nuevo laboratorio podría suministrar ratones genéticamente
modificados para sus investigaciones. Muy emocionados por las perspectivas de
estas propuestas, hicieron los preparativos necesarios para ir a Washington, DC
y de ahí a Moscú. Chompi se encargaría
de estudiar la Iniciativa BRAIN, Carlos estudiaría a la Universidad
Satátov, se reunirían en Washington, DC,
para intercambiar notas el día anterior a la visita a la Casa Blanca, y al día
siguiente saldrían rumbo a Moscú.
La Iniciativa BRAIN (Brain Research through Advancing
Innovative Neurotechnologies) está enfocada
a la búsqueda de un mayor entendimiento de cómo funciona el cerebro
tanto a nivel celular como en la interacción entre los circuitos neurológicos.
El beneficio esperado de esta iniciativa es encontrar nuevas formas para el
tratamiento y prevención de enfermedades neurológicas y psiquiátricas como el
Alzheimer, Parkinson, autismo, epilepsia, esquizofrenia, depresión, trauma
cerebral (referencia: National Institute of Heatlth http://www.braininitiative.nih.gov/about/index.htm).
Pero si esta iniciativa está enfocada a
los procesos celulares, ¿para qué necesitarían ratones genéticamente
modificados?, y en todo caso, ¿por qué no se los pedirían a algún laboratorio
dentro de los Estados Unidos?, pero por
más información que buscaron, no pudieron encontrar la respuesta a estas
preguntas, así que decidieron esperar a que se los explicaran durante su
reunión del día siguiente.
La reunión empezó a las 10 en punto con una intervención del
presidente Obama, “Buenos días, damas y
caballeros, demos la bienvenida a Carlos y a Chompy que vienen en
representación del Laboratorio de Ingeniería Genética del Criadero de Ratón
Espinoso Jalisciense”, después de los aplausos correspondientes, el presidente
Obama continuó, “dejo está reunión en manos del Dr. Neuritas, quien solicitó la
presencia de Caros y Chompi.” y dirigiéndose a Carlos y Chompi dijo, “los
espero a la hora de la comida para platicar de los detalles.” Y salió de la
reunión.
El Dr. Neuritas les explicó que estaban realizando
investigaciones sobre el papel que algunas proteínas desempeñan en el
almacenamiento de información dentro de las neuronas, y que estas proteínas eran
elaboradas por genes que no habían podido implantar en los ratones mus
musculus, pero que al enterarse de que el liomys spectabilis tiene una memoria
superior, decidieron que valdría la pena intentar implantar los genes en esa
especie. Al finalizar la reunión, acordaron que el Dr. Neuritas se encargaría
de sacar la secuencia del genoma del ratón espinoso jalisciense para determinar si podían intentar
implantarles los genes necesarios para la investigación. Aunque no les dieron
un contrato, Carlos y Chompi salieron muy contentos de la reunión porque no les
costaría sacar la secuencia del genoma del ratón espinoso jalisciense y porque
se abría la posibilidad de un primer proyecto para su laboratorio de ingeniería
genética.
Durante la comida, el presidente Obama estuvo bromeando con ellos y luego se puso
serio para recomendarles que tuvieran “mucho cuidado con los rusos porque son
muy mañosos, nunca sabes cuáles son sus verdaderas intenciones…”. Pero Carlos y
Chompi estaban tan emocionados con la posibilidad de formar parte de la
iniciativa BRAIN que no le pusieron
mucha atención.
En el avión rumbo a Moscú, Carlos le dijo a Chompi, “creo
que por fin se me están desbloqueando la neuronas. ¿Te acuerdas de lo que dijo
el presidente Obama sobre los rusos?” y así continuó la conversación:
- Sí, claro.
- Pues me estoy acordando que estuvo algo extraña la invitación de la Universidad Médica Satátov…
- A simple vista todo parece estar bien, pero no he podido encontrar información sobre el proyecto ni sobre el Dr. Yuri Titov, que pidió que viniera a verlo.
- ¿Yuri Titov?... Ese fue gimnasta olímpico en los años 50 y 60 del siglo pasado.
- Bueno, es un nombre relativamente común, encontré otros en Google, pero no a éste. Me dio un número de teléfono y un correo electrónico que funcionaron muy bien, pero no supieron de él cuando lo quise localizar a través del teléfono principal de la universidad.
Chompi estuvo de acuerdo en que estaba raro y que deberían
tomar algunas precauciones. Carlos había acordado que el Dr. Titov lo recibiría
en el aeropuerto para llevarlo a su hotel y al día siguiente irían a la
universidad. Como el Dr. Titov no estaba enterado de que Chompi también
vendría, decidieron que lo más prudente sería que Chompi se mantuviera a
distancia hasta que estuvieran seguros de lo que estaba pasando.
Se separaron en cuanto aterrizó el avión y cada uno pasó
migración y aduana por su lado. Chompi observó como recibían a Carlos y lo
llevaban hasta un carro. Valiéndose del GPS del teléfono de Carlos y de una
motocicleta rentada, Chompi los pudo seguir sin ser detectado. El auto entró en
un callejón y luego volvió a salir. El GPS seguía transmitiendo desde el carro
pero Carlos no estaba adentro. Al poco tiempo, Chompi pudo ver que el teléfono
de Carlos salía por la ventanilla del auto. Chompi recogió el teléfono y siguió
al auto desde una distancia prudente. El auto anduvo dando vueltas por Moscú y
finalmente entró en una casa aislada en la que se abrió la puerta de la cochera
justo antes de que llegaran y se cerró inmediatamente detrás del carro. Chompi
se mantuvo a distancia, pudo observar que la casa estaba fuertemente custodiada,
pero no podía ver ni el carro ni el interior de la casa.
En la cochera, dos rusos de tamaño monumental, sacaron a
Carlos de la cajuela del auto, le quitaron una venda de los ojos, le
desamarraron las manos, lo llevaron al interior de la casa y lo dejaron en un
cuarto de interrogatorio. Como nadie le había dado ninguna explicación, Carlos
se preguntaba qué querrían de él. Pensó que probablemente lo dejarían en el
cuarto durante un rato largo para descontrolarlo, así que se sentó tranquilamente
a resolver mentalmente la forma de insertar los genes de la memoria en los
ratones jaliscienses. Suena fácil pero a
él le tomó mucho tiempo pensarlo, así que todavía estaba en esto cuando entró
el supuesto Dr. Titov, se sentó frente a Carlos y comenzó el interrogatorio:
- Como te darás cuenta, ésta no es una universidad. Te hemos hecho venir porque tienes información que nos interesa. Estamos dispuestos a pagar por ella o podríamos extraerla en formas menos agradables.
- Bueno, Yuri, no sé de qué se trata, pero pudimos haber llegado a un acuerdo por teléfono. Toda la información que yo tengo está disponible a quien quiera pagar un precio adecuado.
- ¡No te hagas tonto, que de nada te va a servir! Sabemos que has hablado con el presidente Obama y queremos que nos digas de qué se trata.
- Eso se los puedo decir sin cobrarles. Estamos trabajando en la iniciativa BRAIN.
- Eso dicen, pero sabemos que están haciendo experimentos con fines militares en el laboratorio de Jalisco.
- ¿Con fines militares?, ¿De dónde sacas eso?
- Te dije que no te hicieras tonto porque se me agota la paciencia
Y en ese momento entraron los dos gorilas que lo habían
sacado de la cajuela, abrieron un maletín con tranquilidad y fueron colocando
sobre la mesa toda clase de instrumentos de tortura. Carlos hacía lo posible
por mantener la tranquilidad pero por dentro sentía que el mundo se le venía
encima. Lo peor era que ni siquiera sabía lo que querían que les dijera.
Mientras tanto, Chompi llamaba al Presidente Obama. En la
Casa blanca lo comunicaron de inmediato porque sabían que solo llamaría si se
trataba de una emergencia. El presidente Obama se encontraba en una junta cuando
se enteró de la llamada, se levantó inmediatamente y dijo, “damas y caballeros,
discúlpenme por un momento, tengo que atender una llamada de Chompi.” Regresó
cinco minutos después diciendo, “¡Estos rusos!, tuve que llamar personalmente a
Vladímir para resolver esta crisis”.
Inmediatamente sonó un teléfono celular del supuesto Dr.
Yuri Titov, “da… da… da…” (traducción: sí… sí… sí…), guardó el teléfono, le
indicó a los gorilas que salieran y dijo “veo que tienen sistemas sofisticados
de espionaje y también tienen buenos contactos, ¡pero esto no se va a quedar
así, pronto averiguaremos todo lo que están haciendo en ese laboratorio! Por
ahora te vamos a dejar en paz, hoy Chompi y tú podrán descansar en su hotel y
en la noche van a cenar con el presidente Putin.”
A Chompi le llegó un
recado del presidente Obama por what’s app , “Toca el timbre en la casa en la
que está Carlos para que los lleven a su hotel, suerte.” Siguiendo las
instrucciones, Chompi tocó en la casa, salió uno de los gorilas con cara de
pocos amigos y simplemente dijo,
“¿Chompi?”… “Sí, soy yo”… “adelante”. Pasó a una sala en la que Carlos
estaba sentado con el “Dr. Titov”, que se levantó para saludarlo, “Chompi,
mucho gusto… Yuri Titov, al menos ese será mi nombre para ustedes. Me da mucho
gusto que hayas podido venir a Moscú, me hubiera gustado tener una conversación
privada contigo, pero ya será en otra ocasión.” “No si yo puedo evitarlo”,
Pesnó Chompi mientras Yuri seguía diciendo, “Por ahora los dejo en las
delicadas manos de Dmitri y Arkady para que los atiendan.” Y los dejó con los
dos gorilas. “¿Dmitri y Arkady?” Dijo Chompi. “Bueno”, contestó uno de ellos,
“como dijo el Dr. Titov, al menos esos serán nuestros nombres para ustedes”. Y
así se fueron con los gorilas al hotel.
Exhaustos por el viaje y las peripecias del día, Carlos y
Chompi durmieron el resto de la tarde. En la noche, Dmitri y Arkady pasaron a
recogerlos para llevarlos al Kremlin. El presidente Putin los recibió en un
salón, con los brazos abiertos, “Chompi, Carlos, mis hermanos, ¡cómo han
estado!”, “¿mis hermanos, cómo han estado?, ¡como si no lo supiera!” pensó
Carlos y dijo “Pues, como usted se imaginará, no muy bien, Sr. presidente.”
“Bueno, mira Carlos,” respondió el presidente Putin, “este ha sido un
malentendido. Tú sabes que las agencias de seguridad nacional a veces se
exceden en sus averiguaciones, te aseguro que no volverá a suceder. Mejor
pasamos al comedor y platicamos con más tranquilidad”. La cena comenzó con la
plática de siempre, la familia, el clima, el precio del petróleo, el Brexit, las perspectivas económicas, las
barrabasadas de Trump (“Imagínese, Sr. presidente, a Donald Trump en la Casa
Blanca y a Andrés Manuel López Obrador en Los Pinos, ¿de qué lado de la frontera estaría más alto el
muro?”. “Ja, ja, ja, ¡imagínate!” exclamó el presidente para luego agregar,
“pero la verdad es que sí nos preocupa”) y otros temas más o menos triviales.
La conversación finalmente se enfocó en el criadero de ratones.
El presidente Putin les explicó que su agencia de
inteligencia estaba preocupada porque se habían enterado de que en el criadero
estaban desarrollando un ratón transgénico capaz de invadir un país y
reproducirse para crear chismes, haciendo que los vecinos peleen entre sí.
Carlos comentó que esa más bien parecía una táctica diseñada por la agencia de
inteligencia rusa y preguntó de dónde había salido la información. El
presidente Putin sacó una libreta y empezó a hojear las páginas hasta que se detuvo
en una y dijo, “¡aquí está!, fue una conversación que tuviste con Nepomuceno en
la cafetería de la escuela… ¡No pongas esa cara, así es el espionaje!”A Carlos le tomó un rato
recordar a la conversación a la que se estaría refiriendo, hasta que finalmente
pudo continuar el diálogo:
- Pero eso no fue lo que dijimos, señor presidente, hablábamos de tonterías que se podrían hacer en el laboratorio y se nos ocurrió que podríamos desarrollar un ratón espía con memoria de elefante y legua de perico.
- Bueno, muchachos, es que sin conflicto no hay razón de ser para las agencias de inteligencia, así que siempre los andan inventando.
- Entonces no deje a sus perros sueltos por todo el mundo, señor presidente, no vaya a ser que provoquen un conflicto de magnitud catastrófica.
- Por eso los tenemos entretenidos en el Oriente Medio, además Barak Obama y yo estamos en contacto por si algo se sale de control, como en este caso.
- Entonces sabrá que estamos estudiando los aspectos genéticos de la memoria
- Sí, ya me lo explicó Barak. Pero me gusta la idea de un ratón espía, ¿qué posibilidad hay de que vengan a desarrollarlo aquí en Moscú?
- Olvídelo, señor presidente, es mucho más complicado que desarrollar un ratón con memoria de elefante y legua de perico. Desde el punto de vista técnico, nos falta mucho para poderlo hacer; además, como ha sucedido con otros animales que se han tratado de usar para fines militares, podría resultar muy difícil controlarlos para que hagan lo que se espera de ellos; y, finalmente, podríamos acabar con un desastre ecológico si se llega a escapar uno de estos ratones.
- Son los riegos que tenemos que correr para que haya progreso. Ustedes ahora están desarrollando ratones genéticamente modificados para estudiar la manera de prevenir o curar enfermedades. Pero no pueden estar seguros de que lo que encuentren con los ratones será válido para los humanos y también podrían tener el mismo desastre ecológico si se te escapara uno.
- De acuerdo señor presidente, pero tomamos esos riesgos en un intento de contribuir al bienestar de la humanidad.
- ¿Y no sería benéfico para la humanidad si uno de estos ratones impide un ataque terrorista?
- Pero habría mucha probabilidad de que las agencias de inteligencia le dieran mal uso a estos ratones. Después de todo, como usted mismo dijo, para justificar su propia existencia, las agencias de inteligencia inventan conflictos. A diferencia de nuestros ratones que se mantienen bajo control durante todo el tiempo, un ratón espía andaría suelto por todos lados.
- Pues sí, muchachos, pero imagínense lo que podría pasar si algún terrorista desarrolla esa tecnología antes que nosotros, y por “nosotros” estoy incluyendo a la OTAN.
- Bueno, señor presidente, esto me recuerda el programa de televisión del siglo pasado en el que se basan las películas de Misión Imposible. Resultó al día siguiente de que salía un nuevo capítulo al aire, en la CIA se reunían a ver si podían desarrollar los aparatos de espionaje que habían visto en el programa. La verdad es que nosotros no tenemos ni la capacidad ni la intención de desarrollar un ratón espía.
- ¡Muy bien!, jóvenes, dejémoslo ahí. La única condición que le puse a Barak es que permita que nuestra gente tenga acceso al laboratorio para corroborar que no estén haciendo cosas raras… ¡Otra vez sus caras!… su libertad y bienestar tienen un precio.”
Luego siguieron platicando amablemente de otros temas, se
despidieron, se fueron a su hotel y al día siguiente tomaron un vuelo rumbo a
México para ir al laboratorio a preparar los detalles de su participación en la
iniciativa BRAIN.
En el laboratorio encontraron a Nepomuceno estudiando el
genoma del elefante africano porque el Dr. Titov le había peguntado si podrían
suministrar ratones con genes de memoria de elefante. “¡No le hagas caso!”
dijeron al unísono y le contaron todo lo que había sucedido. Después de
organizar el trabajo para el proyecto BRAIN, decidieron preparar una sorpresa
para los inspectores rusos que les enviarían en un par de semanas.
El día de la inspección se presentaron los dos gorilas de
Moscú. Chompi los recibió amablemente, “Dmitri, Arkady, que gusto en verlos por
acá y en un ambiente más amistoso. Pasen.” y les dio un fuerte abrazo, al que
cada uno correspondió con tal fuerza que casi dejan a Chompi como estampilla.
Una vez que se recuperó de los apretones, los invitó a su oficina para
explicarles el funcionamiento de los criaderos y del laboratorio. Después de
responder a sus preguntas le pidió a Nepomuceno que los acompañara por donde
ellos quisieran ir, que contestara todas sus preguntas y que les mostrara todos
los documentos que pidieran.
Los gorilas sacaron sus tablets y se fueron con Nepomuceno.
Iban sacando videos por todos lados, tomando notas, abriendo cajones y sacando
fotografías a cuanto documento se encontraban. Al salir del laboratorio de
Ingeniería Genética, Dmitri pidió que le permitieran regresar al baño y les
dijo que los alcanzaría más adelante. Mientras Arkady y Nepomuceno seguían
revisando las demás instalaciones, Dmitri entró de nuevo al laboratorio y en
lugar de ir al baño, se fue a un escritorio que estaba pegado a una pared, lo
movió y pudo comprobar que había una tapa disimulada, la separó y vio que en el
interior había repisas con documentos y placas de Petri. Tomó fotografías de
algunos documentos y metió en su portafolios unas placas de Petri etiquetados
“embriones de ratón espía”. Luego cerró cuidadosamente la tapa, colocó el
escritorio en su lugar y salió con cara de satisfacción haciendo,
discretamente, una señal de triunfo a Arkady. La visita terminó sin más
incidente y los gorilas se fueron de regreso a Rusia, donde probablemente los
meterían a una jaula hasta la próxima vez que los necesitaran.
Las investigaciones de la iniciativa BRAIN continuaron, y en
una reunión en la Casa Blanca, el presidente Obama entabló una plática con
Carlos sobre los avances del proyecto. Carlos le informó que estaban estudiando
el papel que algunos genes desempeñan en la creación de proteínas que permiten
el almacenamiento de información en las neuronas del cerebro. En medio de la
plática, el presidente dijo, “… por cierto, me habló Vadímir Putin muy enojado
porque pensaba que ustedes habían saboteado sus experimentos de ingeniería
genética, decía que sus científicos habían desarrollado un ratón espía, pero lo que salió del
experimento fueron ratones de campo comunes y corrientes.” “¿Que nosotros lo saboteamos?”, respondió
Carlos, “si no hemos vuelto a Rusia desde que nos invitó el supuesto Dr. Yuri
Titov”. “Eso fue lo que le dije”, agregó el presidente, “y que Dmitri y Arkady
podrían corroborar que en el laboratorio de Jalisco estaban dedicados
exclusivamente al proyecto BRAIN.” “Pues si no lo creían, ahora ya estarán
convencidos”, dijo Carlos. El presidente Obama rió y dijo, “eso espero.”
En ese mismo momento, Dmitri, Arkady y el Dr. Titov salían
en una misión ultra-secreta rumbo a Siberia, y nunca más se volvió a saber de
ellos.
FIN.
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